31 de Septiembre de 2014

"Naturalmente Artistas"

escrito publicado en la revista digital DanzaNet (Argentina) y en el Portal Voz (Madrid, España)

Amar y aprender a respetar el cuerpo no es una responsabilidad fácil de asumir en la vida cotidiana de los seres humanos. Abordar los códigos básicos de una adecuada nutrición, en el mundo de la danza, tampoco es sencillo. La estructura social, cultural y académica de nuestros tiempos actuales, sumada al desconocimiento y a la falta de información, se desplaza con pasos desarticulados carentes de armonía.

No sólo existe una enseñanza metódica, técnica, biomecánica, interpretativa y teatral. Alumnos de todos los niveles, bailarines ya profesionales, maestros de escuelas de danza y de estudios privados, afanados en concretar sus metas y hacer volar sus sueños, atraviesan circunstancias extremas. Y la gran mayoría no logra entender ni acercarse a las nociones fundamentales de aquellos nutrientes que posibilitan el mantenimiento de un peso determinado, pero sobre todo, de gozar la plenitud de una musculatura vigorosa. Sometidos a prolongados ayunos y a una ingesta pobre, la energía primordial queda arrinconada y, ante las múltiples exigencias físicas, algunos suponen que pueden resolverlas con la asimilación de cuatro tostadas untadas con queso blanco y un café con leche como desayuno. Siete horas posteriores de oquedad estomacal, entre clase y clase, y un yogur bajas calorías para el almuerzo junto a la barrita de cereal. El ciclo es reiterativo y la aparición de distensiones, calambres, desgarros, son las desoídas alarmas que la sabiduría del cuerpo se encarga de susurrar. Su voz es silenciosa, pero los aguijonazos expresan alaridos latentes en el interior. Los profesionales sabemos que nunca bajaremos la guardia y ocultamos el llamado en rojo. Pero ¿cuál es el precio a futuro? Si de prevenir se trata, para gozar aún más del arte de la danza ¿por qué no dedicar un tiempo de nuestras horas privilegiando los conocimientos sobre nutrición?

Las adolescentes y jóvenes mujeres tomadas de la barra, resplandeciendo sus pies rotados, van mutando las caderas no solamente hacia la conquista de las posiciones abiertas (en dehors) sino acorde las etapas femeninas avanzan como una madreselva por los territorios del crecimiento. Y al esculpir una anatomía esbelta, necesaria para el ballet clásico, destierran alimentos de sus heladeras y de sus bolsos, por considerarlos peligrosos.

Mitos llevados a la publicidad televisiva y gráfica, bombardeo incesante de marketing, se transforman en sombrías realidades para imitar. Es en éstas instancias que, pausadamente y sin percibirlo, al espíritu le brota una primaria rama de aflicciones. Los pensamientos dirigen su foco hacia la comida negada, esforzándose por no sucumbir a la tentación y se insinúan los desordenes alimenticios que moverán el eje de la estructura interna astillando la materia. El principal objetivo de transformarse en artistas pasa a un segundo puesto y la dieta estándar al primero. Nuestro Ser no posee divisiones más que aquellas proyectadas por la mente. Como si en un soplo, pudiésemos anular al Norte y al Sur, al Este y al Oeste. Estos puntos cardinales moran en cada uno y conforman los vientos incesantes del cuerpo, de la mente y del espíritu. Los artífices de la danza comprenderán que la educación total de los horizontes, inherentes a las criaturas de la escena, es la máxima sublevación en la naturaleza del artista. Y es en la naturaleza concreta donde residen muchas de las respuestas nutricionales que han alejado al Hombre de sí mismo y del Universo. La industrialización de los alimentos dio a conocer al paladar los sabores artificiales, el reemplazo genuino por aditivos y conservantes, los olores inventados en tantos procesos químicos de experimentos, causantes de muchas enfermedades y trastornos digestivos. ¿Por qué entonces empeñarnos en reemplazar pureza y calidad por omisión y conveniencias empresariales? Es entre Oriente y Occidente donde se arraiga la diferencia, englobando para unos el equilibrio indisoluble que conforma un todo espiritual, mental, corporal y su relación con el entorno; y para otros, la respuesta a la pérdida de la salud, se infiere a través de la toma de pastillas, jarabes, antibióticos, etc. Todos los ANTI que existen en el mercado. Píldoras sumamente diligentes tragadas “con tal de no sentir dolor”. En el círculo vicioso, los laboratorios farmacéuticos acrecientan sus ganancias millonarias, mientras se debilita y empobrece el sistema de defensas del organismo. Más lejos estamos de la naturaleza, tanto más se padecen nuevas y viejas enfermedades.

Al entonar el ritmo exterior junto al interior, nuestras ondas sonoras oscilan en igual frecuencia y la eufonía brota del espíritu. Somos seres únicos y no se puede prescribir un método útil para un cuerpo y pretender asemejarlo con otro. Por ello el cimiento de una adecuada nutrición tiene que incorporarse desde la personalización y las características individuales. Cada alumno, cada artista, cada uno de los seres presentes en un aula de clases o en un escenario, merece encontrar los requerimientos diarios de minerales, de vitaminas, de proteínas animales, de proteínas vegetales, de aminoácidos, a fin de obtener flexibilidad, resistencia, fuerza muscular y un excelente soporte cardiovascular. El cuerpo reserva en los músculos, en el tejido adiposo y en el hígado, la energía proveniente de los hidratos de carbono, de las grasas, de las proteínas, de las frutas, de las verduras y hortalizas de estación y de ésta manera enfrenta la labor periódica. Si al tronco inferior le aparecen signos de agotamiento es porque ya se han aprovechado las reservas de glucógeno contenidas en el cuerpo e inmediatamente podría acontecer una lesión física. Raíces poderosas perduran a los árboles centenarios. Raíces debilitadas le traen una vejez prematura y menos años para ver brotar sus retoños.

Amar y Respetar nuestro cuerpo entraña un arte diario de consagración, una conexión con los meridianos que atraviesan nuestra circulación sanguínea de la cabeza a los pies y en el reflujo de cada marea lunar nos unen con nuestra esencia. Si la misión personal se halla en la divinidad artífice de la danza, cuán extraordinario sería poder regresar al puente ancestral que contiene la matriz del ser humano. Los conocimientos que la Pacha Mama preserva (a pesar de la mutilación y del actual desmonte). El cambio es posible. Existen otros senderos fructíferos en la maduración artística y en la visión holística del Ser. Los alimentos para el cuerpo son aquellos que nuestra anatomía pudo absorber conscientizando plenamente sus valores nutricionales y, frente a la danza rigurosa, aquella que emprende novedosos lenguajes en los albores del día, logremos crear un diálogo fluido con el cuerpo, cuyos silencios se atesoran en el alma al contemplar la Vida.

Karina Isabel Roldán 

http://www.nci.tv/index.php/menuportalvoz/submenu-dizque/1143-naturalmente-artistas